Educación inclusiva Todos sin excepción

Nos encontramos en la llamada “década de la acción”, la que nos recuerda que sólo quedan 10 años para lograr las metas marcadas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, sin embargo, algunos datos parecen poner en evidencia lo mucho que aún queda por hacer. El problema de la educación es, sin duda, uno de los más apremiantes para nuestro mundo y descuidarlo puede tener consecuencias devastadoras para el futuro.

Acabamos de conocer los resultados del Informe GEM 2020 de la UNESCO sobre el seguimiento de la educación en el mundo y las conclusiones no son muy alentadoras en lo que se refiere al acceso a la educación y a la educación inclusiva. La educación dista mucho de ser para todos, no todos tienen acceso y muchos de los que acceden son discriminados y excluidos. El Objetivo de Desarrollo Sostenible número 4 es el de la educación y quiere: “Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”.

Las metas de este Objetivo describen algunas necesidades urgentes en este sentido, como la meta número 1: “De aquí a 2030, asegurar que todas las niñas y todos los niños terminen la enseñanza primaria y secundaria, que ha de ser gratuita, equitativa y de calidad y producir resultados de aprendizaje pertinentes y efectivo”, sin embargo, el Informe GEM nos muestra con datos que, las barreras que impiden el acceso a una educación de calidad siguen siendo demasiado altas para muchos educandos. Uno de cada cinco niños, adolescentes y jóvenes está totalmente excluido de la educación: sólo dieciocho de los jóvenes más pobres terminan la escuela secundaria por cada cien de los más ricos. En más de veinte países del África Subsahariana, prácticamente ninguna joven pobre de las zonas rurales termina la escuela secundaria. La estigmatización, los estereotipos y la discriminación hacen que a millones más se les margine dentro de las aulas.

Esta dramática situación de la educación en el mundo ha empeorado con la actual crisis provocada por el Covid-19 que ha abierto una brecha aún mayor en cuanto a las desigualdades y ha cerrado la oportunidad de aprender a millones de personas. Hay que reconstruir los sistemas educativos desde el inicio, partiendo de una definición de lo que se entiende por “educación inclusiva”, ya que solo el 57% de estas definiciones abarcan los grupos que son objeto de formas múltiples de marginación.

El problema de la educación es, sin duda, uno de los más apremiantes para nuestro mundo y descuidarlo puede tener consecuencias devastadoras para el futuro. La única manera eficaz, el arma más poderosa para “poder cambiar el mundo”, (permitidme la expresión, aunque suene cada vez más retórica) es la educación y si esa educación es sesgada o deja a alguien fuera, nunca lo conseguiremos.

Entender lo que es la inclusión es hablar de “reconocimiento”, reconocimiento del otro, de su igual dignidad. Inclusión es la ampliación del nosotros. Como afirma Adela Cortina: “En el mundo humano, los iguales no son idénticos, sino diversos, por eso es imprescindible reconocer al otro, al distinto de uno mismo”.

Una sociedad responsable, que quiere construir una sociedad más justa y humana, es una sociedad que educa a las personas en un profundo sentido de la justicia y del reconocimiento recíproco, una sociedad que cree en el poder transformador de la educación como tarea humanizadora. Si podemos definir la justicia como “el derecho a la palabra”, la educación en palabras de Freire, es “la práctica de la libertad”. Hagamos posible una educación para todos, para formar a personas libres que se encuentren y reconozcan a través del diálogo.

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