Nestor Chayelle: Lanzarote: volcanes, arte y turismo sostenible

La isla de Lanzarote, perteneciente a las Islas Canarias, destaca y se diferencia de las otras islas por su carácter salvaje y volcánico, además de por su indiscutible respeto ambiental. Es de los pocos destinos vacacionales en los que se puede ver la buena conjugación que se ha realizado de todos los atractivos turísticos, pero con un marcado crecimiento responsable. Gracias a estas premisas que en su día difundió a los cuatro vientos el artista lanzaroteño, César Manrique; Lanzarote tiene el honor de ser el primer destino del mundo en obtener la certificación Biosphere Responsible Tourism del GSTC (Global Sustainable Tourism Council).

El impactante paisaje de Lanzarote con cactus y molinos entre las tierras volcánicas.

Anteriormente, ya había conseguido que se le otorgase el título de Reserva de la Biosfera por la Unesco. Estas características únicas de la isla de Lanzarote, conforman un lugar paradisíaco con clima subdesértico e influencia de los alisios húmedos y de la corriente fría de Canarias, en el que poder disfrutar tanto de las actividades relacionadas con el mar, como de las terrestres. Teniendo un gran auge el turismo rural o la visita a los diferentes espacios naturales interiores. Por eso, para alejarse de los centros turísticos y entrar en contacto con las zonas más íntimas de la isla, una opción es un apartamento rural en Yaiza o Masdache.

Volcanes: Parque Nacional de Timanfaya

El principal encanto isleño es el Parque Nacional de Timanfaya. Formado a partir de diversas erupciones volcánicas que se sucedieron en el siglo XVIII y XIX, y que dieron lugar a ese peculiar paisaje de lava, llamado malpaís, en donde no crece la vegetación y se comienza a apreciar la formación de líquenes. La majestuosidad, la belleza y su situación al lado de la costa del Océano Atlántico le confieren un carácter único. Los diferentes materiales expulsados (cenizas, escoria, lapilli, rofe, picón, etc.) han ido conformando un terreno abrupto con una gama de colores increíble.

Parque Nacional de Timanfaya en Lanzarote: un paisaje lunar que conmociona.

Un paisaje inalterado en el que los científicos siguen estudiando el volcanismo reciente en la Región Macaronésica (comprende los cinco archipiélagos del Atlántico Norte), en zonas con acceso reservado dentro del parque. Las erupciones más importantes se registraron en las Montañas de Fuego o de Timanfaya. En ellas se pueden observar más de 25 cráteres y multitud de estructuras geomorfológicas: tubos volcánicos, mares de lava, conos de cínder y hornitos, cenizas, escoria o bolas de acreción, entre otras; además de edificios volcánicos emblemáticos como la Montaña Rajada, la Caldera del Corazoncillo o el volcán nuevo del Fuego o del Chinero.

Hay que destacar una característica única que se aprecia en todo el Parque Nacional de Timanfaya: las manifestaciones de anomalías geotérmicas, que pueden alcanzar los 250º, y que se aprecian en el Islote de Hilario, la Casa de los Camelleros y  en el fondo del cráter de Timanfaya. 

Dentro del parque se puede observar la existencia de cultivos típicos frutales en las lavas antiguas, como la higuera. En cuanto a la fauna, es posible divisar tres especies de fauna vertebrada terrestre: rata negra (Rattus rattus), musaraña canaria (Crocidura canariensis) y el conejo (Oryctolagus cuniculus). Ademas de dos reptiles: el perenquén o salamanquesa (Tarentola angustimentalis) y el lagarto de Haría (Gallotia atlantica). En cuanto a las aves, nidifican 17 especies diferentes, destacando entre ellas: la Pardela cenicienta (Calonectris diomedea), el Petrel de Bulwer (Bulweria bulwerii) y la Paloma bravía (Columba livia), sin olvidar al Guirre o alimoche (Neophron percnopterus). Siendo una Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

Mundo submarino: una inmersión única e increíble

Si nos sumergimos bajo las aguas de Lanzarote nadaremos junto a 120 especies de invertebrados marinos y 59 especies de peces de las 217 clasificadas en las aguas costeras de Canarias.

Sobresalen los grandes grupos de cangrejos rojos (Grapsus grapsus), las lapas (Patella piperata y candei) y los burgados (Osilinus atrattus) cerca de la costa. Existe una gran biodiversidad marina representada por moluscos, artrópodos, equinodermos y peces; y también estrellas de mar, pulpos, sepias, morenas, ábades, salemas, pejeverdes o las queridas viejas.

Playa de Papagayo: un chapuzón irremplazable si el buceo te apasiona.

Es una visita imprescindible bucear por las aguas lanzaroteñas. El océano oculta un mundo submarino increíble con barcos hundidos, cuevas volcánicas, veriles (acantilados submarinos), arrecifes artificiales, tubos volcánicos, o bajones, entre otras maravillas. Pero quizás lo más destacable sea la posibilidad de observar el romero capitán, el coral naranja, la estrella canaria, o la multitud de camarones que se ocultan en las misteriosas cuevas.

Las principales zonas de buceo se encuentran en la preciosa y silvestre Playa de Papagayo, una de las mejores playas de arena dorada en las que disfrutar del paisaje de Lanzarote, el espacio situado entre la isla Graciosa y Lanzarote (un espectáculo para los sentidos con reserva marina incluida), el Charco de San Ginés en Arrecife (capital de la isla) y en Playa Grande, donde se puede apreciar la asombrosa combinación de la inmensidad del océano, las montañas volcánicas y el prodigioso fondo oceánico. Aún así es posible decantarse por inmersiones concretas como Waikiki, La Burrera o La Catedral; las más célebres.

Arte y turismo sostenible en Lanzarote: tras la pista de César Manrique

Es posible descubrir lugares insospechados detrás de las grandes altitudes, por eso además de darse una vuelta por los conocidos sitios turísticos, es obligado perderse por los pequeños pueblos como Arrieta o Teguise (en este municipio está la preciosa Playa Francesa para disfrutar del agua), con un encanto único; además de acercarse al Valle de la Geria (hay que regalarse una visita a alguna bodega en la que poder experimentar las ancestrales costumbres y saborear los distintos vinos). Una zona con paisaje lunar donde se cultiva el famoso vino malvasía dentro de círculos horadados en las cenizas volcánicas, que protegen las vides del aire y les ayudan a conservar la humedad. Dando como resultado un caldo excepcional de cuya producción ya hablaba William Shakespeare, pasando de generación en generación su buen hacer, que le ha convertido en uno de los vinos con más renombre de España.

Arquitectura popular lanzaroteña.

Y si también te declinas por probar la gastronomía local, es esencial degustar los diferentes quesos elaborados a base de leche de cabra, premiados con diferentes galardones internacionales como el World Cheese Awards. Aunque lo mejor es llevarse alguno de recuerdo: su sabor te trasladará de nuevo a la isla.

Por último, no es posible irse de Lanzarote sin acercarse a conocer alguna de las obras más emblemáticas del artista polifacético César Manrique, quien tuvo en la isla su inspiración y que le sirvió como laboratorio de investigación y base viviente de sus propias obras, como se puede apreciar en los Jameos del Agua, una cueva o tubo volcánico al que se le ha desprendido el techo. Cuenta con un lago de cangrejos albinos ciegos, además de diferentes espacios para comer entre una vegetación exuberante. Podrás percibir una energía especial en el lugar, además de la asombrosa iluminación de los diferentes haces de luz que penetran dentro de la cueva.

Jameos del Agua, obra de César Manrique.

Otras de sus maravillas son su casa, sede de la Fundación César Manrique, y la Casa del Palmeral en Haría (trata los materiales tradicionales nobles con un aire renovado), junto con el Mirador del Río (podrás ver la isla Graciosa desde la altura y disfrutar de un espacio sobrecogedor) y el Jardín del Cactus (450 especies de cactus con 4.500 ejemplares te esperan). Todas estas construcciones tienen impregnadas el espíritu conciliador de Manrique: en ellas el Hombre da la mano a la Naturaleza.

El arte de César Manrique es posible también apreciarlo en las diferentes esculturas que salpican la isla. El agua, el aire, el fuego y el metal se entremezclan en muchas de ellas para darles vida.

En Lanzarote encontrarás calma y tranquilidad, pero aderezadas con la energía y la vitalidad que constituye su alma primitiva.

Escultura de los Jameos del Agua de César Manrique.



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